22 de julio de 2009

Diamante Azul



Este diamante fue conocido primitivamente como el “Diamante Azul” y habría estado engastado en una estatua de Buda, de donde fue robado y vendido al Gran Mongol.

En el siglo XVII, un comerciante francés lo adquirio y así llegó a poder de Luis XIV, quien fue el único que escapo a la siniestra carga de este diamante.

En 1669, Tavernier mostró el diamante azul a Luis XIV, quien lo compró en 220.000 libras y otorgó al vendedor el título de nobleza que vino a sumarse al de barón recién concedido por un cliente satisfecho: el Elector de Brandemburgo. La maldición no tardó en cumplirse en Tavernier.

Se arruinó a causa de una extraña conjura en la que intervino un familiar. Tuvo que huir el joyero a Rusia, donde sería hallado muerto de frío, devorado a medias su cuerpo por las ratas.
En cuanto a Luis XIV, guardó el diamante en un cofre. El 10 de setiembre de 1691, en ocasión de realizarse un inventario del tesoro real, apareció el diamante. Supo de su existencia madame de Montespan, la amante de turno del rey, y quiso que el soberano se la obsequiara.

Poco después caía en desgracia y moría olvidada, en 1707. No contento el diamante con su nefasta labor, envió plagas y epidemias al reino de Francia. La población sufrió hambre y miseria, y se produjeron casos de canibalismo.

El 7 de febrero de 1715, en ocasión de recibir al embajador del sha de persia, el rey de Francia le mostró el diamante, para que viera que el objeto no podía hacerle ningún mal. Luis XIV murió aquel mismo año, inesperadamente.

Comenzó entonces a correr la noticia entre el pueblo de que el diamante azul venido de la India el siglo pasado causaba desgracias a su poseedor. Luis XV subió al trono y nada quiso saber de la piedra. Ordenó conservarla en un cofre. Después se dedicó a la diversión, y parece que no le fue mal. Pero no pudo decir lo mismo su hijo, quien se convertiría en rey de Francia a su debido tiempo.
María Antonieta, esposa de Luis XVI, cometió en 1774 la estupidez de apropiarse del diamante. Y en alguna ocasión se lo prestó a su amiga la princesa de Lamballe. La Revolución Francesa se acercaba ya corriendo, lista para acabar con la dinastía de los Capeto. Quién sabe si fue parte por culpa del diamante, pero tanto Luis como María Antonieta y su amiga la princesa perdieron la cabeza bajo la guillotina sin tardar mucho.

En 1792, unos ladrones se apoderaron del diamante, pero se mataron más tarde entre ellos y sólo uno pudo guardar la piedra que conservó hasta 1820. Ese año, un desconocido mostró el diamante al tallador holandés Wilhelm Fals para que de la joya hiciera dos. La primera fue adquirida por Carlos Federico Guillermo, duque de Brunswick.

Fuente: losenigmas

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